Concrete Jungle

acaso esto se trata de algo?

sexta parte

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Hice todo a escondidas. Es más, hasta incluso traté de que ella se olvidara del tema para que no sospeche. El 6 de abril después de desayunar le dije que íbamos de paseo y le tapé los ojos con la excusa de que no podía saber adonde la llevaba. Como siempre, ella confió ciegamente en mi y no se opuso, pero no tenía idea de que era lo que yo tenía entre manos. La llevé hasta el aeropuerto y partimos con un avión hacia el caribe, y ella permanecía con los ojos vendados. Me confesó que tenía un poco de miedo y que estaba asustada, pero se aferraba a mi brazo como un nió perdido en la ciudad. Una vez en destino, tomamos un taxi y la llevé directo a la playa. Ahí recién le destapé los ojos.
Era un paraíso. Los dos ahi mirando por primera vez ese mar azul que nos hipnotizaba, sin gente alrededor, los dos solos abrazados y sintiendonos únicos en esa playa. El poco viento que había era lo único que nos traía de nuevo a la tierra. Por suerte ella todavía no sospechaba nada. Pasamos un día espectacular, recorriendo esas hermosas playas, el hotel. Fuimos a un restaurant donde servían comidas típicas del lugar. Recuerdo que los dos simulamos que nos encantaba pero el plato ni lo tocamos. Nos quedamos con hambre hasta la mañana siguiente que sirvieron el desayuno del hotel. Apenas terminamos de desayunar le pedi que suba a la habitación y que me espere. Tenía una última sorpresa que le iba a entregar.
A Juana le encantaban las sorpresas por lo qeu subió corriendo al cuarto a comerse las uñas, mientras escribía en su pequeño diario “VOLVE VOLVE VOLVE VOLVE Quiero mi sorpresa, Espero que seas tu”. Al rato le golpean la puerta y le hacen entrega de un paquete. Adento había un vestido blanco de una tela muy liviana. Era un vestido largo y unas sandalias haciendo juego. Le había puesto una notita adentro que decía: “Esta era tu sorpresa. Disculpá que no te lo la entregué en mano es que me quedé enredado con uans cosas. Ponete todo que quiero ver como te queda y bajá a la playa que me vas a encontrar”
Se imaginó que había algo escondido detrás de todo eso. Sabía que a mí los regalos me gustaba entregarlos en mano, pero me siguió el juego y me fue a buscar con el vestido a la playa. Allí la esperaba, junto con diez niños lugareños todos vestidos de blanco y una corona de margaritas para ponerle en la cabeza. Al final de la fila, estaba yo vestido también todo de blanco y un sacerdote listo para unirnos en casamiento. Recuerdo cuando la vi que parecía un ángel. La verdad que no tengo palabras para describir la belleza que estaba parada frente a mí.
Ese día dimos el sí. Estábamos los dos llorando de felicidad. Lo único que se me pasaba por la cabeza eran los recuerdos de todo lo vivido y lo feliz que estaba de poder hacer feliz a esa mujer que tanto había dado por mí. Me imaginé el futuro. Los dos agotados de la vida, pero con una sonrisa por la familia numerosa que habíamos engendrado. Listos para entregarnos a la eternidad y continuar nuestra vida desde arriba admirando la belleza de nuestra creación.
Pasamos un mes en ese lugar y decidimos volver. Teníamos nuestro departamento aquí y la familia de ella que ya se estaba preocupando por la lejanía. Cuando volvimos todo era perfecto. Empezamos a planificar nuestro futuro, a buscar inversiones para el dinero que nos quedaba. Surgieron algunos proyectos pero nada muy interesante. Nuestra idea era hacer algo que realmente nos llenase.
Lamentablemente mi debilidad me llevó a caer de nuevo en la tentación. No sé si fue para probarme que ya había superado lo vivido o simplemente mi idiotez, pero volví a visitar aquellos lugares de perdición. Poco tiempo tomó para que yo vuelva a mi vida de perdición. Y esta vez mucho peor. No existía día en que llegase a mi casa en buen estado. Pasaba días enteros en casa de desconocidos. Lugares a los que ni sabía como había llegado. Teniendo relaciones con mujeres extrañas sólo por placer. Para colmo, por no haber tenido la adecuada educación, ni sabía lo que era protegerse. Nunca supe con cuantas mujeres estuve. Ya de grande Juan me comentó que todas esas mujeres sólo estaban conmigo porque se rumoreaba que yo era un millonario y pretendían sacarme dinero. Fue un año y medio que para mi se sintieron como una semana solamente. No existía en mí una noción del tiempo. Y Juana, pobre, llorando en casa desconsoladamente, rezando por que algún día se vaya el mal en mí y vuelva a ser la persona de la que ella se había enamorado.
Una mañana estaba yo durmiendo en el piso al costado de la cama y siento que Juana me despierta con un balde de agua fría directo a mi cara. No entendía nada. Le grité miles de cosas por haber hecho eso, hasta que me interrumpió y me dijo que me ponga bien. Tenía algo serio para decirme. Pensé que iba a pedirme el divorcio o algo parecido. Sonaba muy seria y yo sabía que me lo merecía. Realmente la amaba, pero no sé que problema habría en mi que no me permitía estar mucho tiempo bien. Me pegué una ducha rápida, me alisté y me fui a la cocina a hablar con ella.
“Estoy embarazada”, me dijo. No sabía que hacer. Sentía tal felicidad que se me hacía imposible expresarla. Me quedé totalmente atónito ante sus palabras. Juana me miraba, expectante, a ver cuál era mi reacción. Me agarró de la mano bien fuerte, se la acercó a su boca, me dió un beso en la palma y ahi me di cuenta. Realmente era un baldazo de agua fría la noticia, pero ya no era más ese agua que me amargó el despertar. Era agua de lluvia en una tarde de verano. Esa que te permite correr por los campos abriendo los brazos y sintiendo una libertad absoluta. Mi vida entera se me pasó por la cabeza mientras le daba un abrazo y le llenaba la panza de besos. Volví a tener esa sonrisa que tuve en aquellos tiempos en que era chico y no importaba nada más que nosotros dos.
Con esa noticia me di cuenta de que debería cambiar. Ya no podía seguir viviendo la noche. Un bebé estaba en camino y yo era responsable de su vida. En dos días dimos un vuelco absoluto y encauzamos nuestro destino. Agarramos los últimos fondos que nos quedaban y compramos una fábrica de bolsas. No eran como las que hacíamos cuando éramos chicos. Ya eran bolsas plásticas como las que se ven todos los días en el supermercado. La empresa tenía casi cincuenta empleados cuando la adquirimos. Contactamos a un experto que me enseñó sobre negocios al tiempo que me ayudaba a manejar nuestro nuevo emprendimiento. Entre el y las ganas de éxito y de trabajar en nuestro futuro que teníamos nosotros se convirtió rápidamente en un suceso. Para el tiempo en que nació Paola ya habíamos duplicado la cantidad de empleados y así los dividendos.
Paola, nuestra primera hija nació un 8 de marzo a las siete de la tarde. Por suerte fue un parto normal. Era todo chiquitita. Tengo una foto guardada de ese primer día de ella y la madre. Estaban las dos tan hermosas. Era seguro que iba a ser mi niña mimada. Después de todo ella había sido la luz al final de mi túnel lleno de oscuridad y malos recuerdos.
A los tres años nació nuestra segunda hija Sofía. Nuestra familia ya iba tomando forma y nuestra empresa ya estaba muy bien consolidada. Incluso adquirimos cuatro fábricas más de diversos ramos. Teníamos el futuro asegurado y la imagen que tuve ese día que nos casamos ya se hacía más frecuente. Ya estábamos listos para ver crecer a nuestras hijas en una casa llena de amor.
miren que falta mas eh? jajajaj
no todo es color de rosa
los altibajos que tiene esta historia me hacen kgar de risa ajjajajaj

Written by Pedro De Mendoza

12 julio 2007 a 16:48

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